Cuando escuché que el Papa Benedicto XVI había dicho algo sobre las farmacias, honestamente pensé que iba a intervenir en la áspera polémica sobre en qué medida la industria farmacéutica del mundo, con la complicidad de las autoridades de salud de algunos países, están atentando contra la humanidad con una avalancha de medicamentos casi siempre innecesarios y en muchos casos dañinos. Pero no. El papa dijo recientemente que (lean bien, que esto es cómico) los boticarios que venden la “píldora del día siguiente” están en su derecho de negarse a dispensar la píldora.
En un planeta que se derriba en pedazos producto de la ambición de poder de las grandes corporaciones; en un mundo con desigualdades que producen terror; en un mundo donde la gente ha perdido el miedo al castigo y eso ha traído una aguda crisis de valores, me parece inadmisible que un líder espiritual pierda su oportunidad de hablarle a la humanidad para decir cosas tan alejadas a la realidad de la humanidad. Hay muchas cosas que están mal en el mundo y un líder espiritual tiene la obligación de denunciarlas. La opinión de un líder cristiano de la talla del papa sobre el calentamiento global habría hecho mucho efecto en la opinión pública cristiana norteamericana que en este momento es responsable de haber reelegido a un presidente cegado por su concepto de progreso. Qué cínicos que nos hemos vuelto. Nos enseñaron que las guerras eran por causas justas, no por negocio de alguien muy poderoso. Aquí la historia del líder religioso que pierde su tiempo en hablar de caducas reglas cuando el planeta cuyos valores él debería defender se cae en pedazos. LEER MÁS>

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